El reto del panteón

El reto del panteón

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Entre un grupo de amigos, que eran estudiantes había un joven llamado Luis, era el que siempre sobresalía entre sus amigos por ser un líder nato. Luis llegaba a pecar de orgulloso y ególatra pues normalmente triunfaba en todo lo que emprendía.

En una ocasión invitó a sus amigos para hacer una apuesta, les propuso que, el que se sintiera “más hombre”, debería de entrar al cementerio de la ciudad a las doce de la noche, llegar hasta el fondo del lugar y  dejar una  señal para que todos pudieran comprobar al día siguiente que en realidad había estado ahí.

Sin embargo, en esta ocasión uno de los amigos dijo: “Yo creo que no es justo eso, deberíamos de echarlo a la suerte. El que pierda será el que entre al camposanto”.  Todos quedaron de acuerdo, echaron una moneda al aire y

Luis fue el que perdió en los volados así que  le correspondería a él. Por orgullo no podía quedar mal entre sus amigos y tuvo que disimular su miedo ante la macabra idea.

Luis debía clavar una estaca en alguna tumba de las que estuvieran hasta el fondo del panteón, pues de esa forma tendría que atravesar totalmente el camposanto.

Llegó la noche indicada, el ánimo le sobrecogía, llegó por fin a la última hilera de tumbas, donde se encontraba precisamente la entrada a las catacumbas en donde se encontraban todas las momias. Tenía en una mano la estaca y en la otra una piedra, que le iba a servir de martillo; de ese modo se dispuso a cumplir misión…

Colocó la estaca en el suelo sobre la tumba que estaba más cerca de él y con la piedra dio cinco golpes, sus piernas apenas lo podían sostener de la temblorina que le pegó.

El joven llevaba una larga capa de las que se usaban en la época

Terminó de clavar la estaca y ya se disponía a regresar, cuando sintió que por detrás alguien lo detenía jalándole su larga capa con gran fuerza, el joven no quería voltear atrás pues el miedo lo paralizaba.

Después de esperar en vano largas horas, sus amigos no se atrevieron a investigar que estaba ocurriendo adentro del panteón todos en silencio, sin decir una sola palabra regresaron a sus hogares.

Al día siguiente el velador del panteón encontró muerto al joven Luis, que tenía el faldón de su capa clavada en el suelo sobre una tumba.